Nací en Sevilla el 15 de Noviembre de 1951, en casa de mis padres, como era lo normal en las clases acomodadas de aquella época. En aquellos tiempos en los hospitales sólo nacían los hijos de las familias más desfavorecidas o paupérrimas. No como hoy en día que hasta los hijos de los reyes nacen en ellos; lo que, evidentemente, es mucho más adecuado.
Mi casa estaba a escasos metros del, entonces, único Conservatorio de Sevilla (
En cuanto comencé a andar bajaba todos los días al piso de abajo, en donde vivía, con su encantadora y acogedora familia, una chica que estudiaba canto en dicho Conservatorio. Y que se pasaba casi todo el día con sus ensayos de arias y sus melodiosos gorgoritos.
Como yo era muy pequeño ella me subía después.
Ella después llegó a ser una buena y activa soprano de recitales, aunque sin llegar nunca a sobresalir extraordinariamente.
A los tres años comencé a ir a las clases de "párvulos" al colegio de las monjas Esclavas Concepcionistas. Llevando en el rostro la constante sonrisa de felicidad interna que, por la gracia de nuestro Divino Padre Espiritual, siempre me ha caracterizado.
Al poco tiempo mis padres se mudaron a unos bloques que construyeron delante del campo de fútbol del Sevilla. Entonces aquella zona era casi las afueras de Sevilla, y hoy es una zona bastante céntrica y tranquila.
Allí fui dos años mas a las clases de "párvulos" del colegio de las monjas Salesianas. Y un mes antes de cumplir los 6 años pasé al acreditado colegio "Portaceli" de los Padres Jesuitas, que estaba muy cercano a la nueva vivienda. En donde realicé muy eficientemente, pero sin nunca destacar como "estudioso empollón", todos los cursos del Bachillerato.
A los 12 años hice amistad con un chico inteligente y simpático que vivía en un chalet situado en la misma zona de mi residencia. Afortunadamente su padre, Notario de profesión, era un extraordinario amante de la música clásica ; y tenía en su casa una sala especialmente preparada para escucharla, con un magnífico equipo estereofónico. Su madre, de joven, había estudiado violonchelo en el Conservatorio de Madrid.
Él sentía una fuerte atracción estética por la belleza de la música "clásica bien sonante" (no a las estridencias acústico-intelectuales de muchos músicos vanguardistas de los últimos tiempos), y solíamos escuchar casi todos los días la "Serenata Nocturna" de Mozart, "Las Cuatro Estaciones" de Vivaldi, o cualquier otra delicia musical.
Aquel verano en Chipiona ; donde la familia de mi madre veraneaba en un chalet, hermoso aunque no muy grande, construido en la zona más hermosa de la playa de aquel pueblo costero. Un buen amigo, que era alumno muy aventajado del profesor de guitarra que había en su colegio ("Los Padres Blancos"), comenzó a darme lecciones de este instrumento. Y le cogí gusto a hacer sonar la guitarra entre mis manos. Tanto que, al curso siguiente, en mi colegio de Sevilla, me apunté a las clases de guitarra con el profesor que las impartía a mediodía, antes de las actividades escolares vespertinas.
Él me enseñó a tocar el "Romance Anónimo" y a leer música, descifrando laboriosamente aquellos signos esotéricos.
El verano siguiente comencé a salir con la pandilla más grande que creo ha habido entre los veraneantes de Chipiona (de
Pero previendo y deseando que el curso siguiente comenzaría en el Conservatorio las clases de dicho instrumento, me compré el disco de Narciso Yepes en el que se recogían varias obras muy conocidas, tradicionales y bellísimas, del repertorio guitarrístico. Entre ellas me quedé fascinado por el "Capricho Árabe" de Tárrega. Tanto, que me compré la partitura --- en la única tienda de música que había en Sevilla en aquellos tiempos, Casa Damas (con cuyos dependientes-propietarios mantuve durante muchos años la más cordial y amistosa relación) ---. Empezando con la misma a descifrar los, para mí entonces, arcanos signos que en ella se recogían.
Cuando en octubre de aquel año, dos meses antes de cumplir los 14 años, fui al Conservatorio con las notas del "Capricho Árabe" aprendidas, tras uno o dos meses de ardua labor, estaba convencido de que iba dejar a la profesora, Dª América Martínez, maravillada con mi "virtuosa" interpretación.
En la primera clase ella me pidió que tocase lo que supiese, y así lo hice. Comenzando (seguro que con varios millones de fallos e incorrecciones) la primera parte de aquella obra que con tanto ilusión había estudiado. Y ella, con su cariñoso y magistral sentido pedagógico, me animó a seguir con mi interés por la guitarra, clásica e iniciamos el aprendizaje con el magnifico método para principiantes del maestro Fortea.
Por aquel entonces yo solía pasarme una hora cada día tocando la guitarra, y en pocos meses acabé con el "Método Fortea" y comenzamos con el "Método Aguado".
Desde aquellos primeros momentos, entre Dª América y yo se estableció la más cariñosa relación.
Ella ha sabido en todo momento brindarme su más cariñoso apoyo. Y así ella en los tristes momentos en los que yo estaba en estado de coma, tras mi tremendo accidente (eso fue durante el tiempo en que ella estaba realizando una incomparable e infatigable labor de divulgación musical por los colegios e institutos de toda Sevilla), iba todas las semanas una o dos veces al hospital a visitarme y hablar con mis padres, ya que yo no podía decirle ni "hola".
Desde luego, por la gracia de
Y digo esto muy ardientemente, a pesar del durísimo periodo de pruebas y sufrimientos (sobre todo psicológicos) que he sufrido y aún, aunque muy levemente, sigo sufriendo. Ya que, incluso todavía, sigo recibiendo signos de prevención y repelencia ; que son las reacciones despectivas que, en muchos desconocidos, despierta mi minusvalía.
Yo tuve la incomparable suerte de encontrar a la más excelsa, eficiente y detallista maestra, capaz de establecer los cimientos de la más sólida y depurada técnica clásica interpretativa.
Terminé el grado medio de guitarra en el Conservatorio de Sevilla ganando el Premio de Fin de Grado. Aunque contrariado por el hecho de que, entonces, sólo hubiera en cada curso 4 ó 5 obras para elegir 1 ó 2 de ellas para el examen, y 10 ó 15 estudios para desarrollar la técnica.
Total que la lectura a primera vista era una habilidad casi imposible de adquirir en aquellos tiempos, ya que el sistema pedagógico oficial se limitaba a pasar todo el curso "machacando" 10 ó 15 páginas de música escrita.
Pero me encontré providencialmente con el magnifico maestro para guitarristas avanzados, José Tomás (el que fue el auxiliar de Andrés Segovia en los cursos internacionales de Santiago de Compostela). Y aunque su atención para el establecimiento de unas bases técnicas firmes para las manos casi no existía, el asunto de leer a primera vista y montar una obra tras otra ; no perfectas e impecables sino correctamente leídas y montadas, limpias y bien interpretadas ; aunque, si la obra era de un gran derroche virtuosístico, fuese un poco más lenta que su versión de concierto (lo mínimo posible).
Total que pasé un año en Alicante, cuando me correspondía hacer 5º curso en mi programa de estudios (la carrera de guitarra constaba entonces sólo de 6 años). Y en aquel curso daba todas las semanas clase con José Tomás ; y cada semana leía y llevaba montada lo mejor posible (estudiando unas 8 horas, o más, diarias la guitarra) una obra distinta. Esto era en un apartamento repleto (como inquilinos en las diferentes habitaciones) con reconocidísimas figuras internacionales de la guitarra de hoy día.
Esto sólo lo podrán comprender los guitarristas: en una semana me preparé el "Tema variado y final" de M. Ponce. Otra la fuga en La menor de violín de J. S. Bach. Otra la "Fantasía que contrahaze el arpa de Ludovico" de A. de Mudarra. En dos semanas me preparé la "Primera suite para laúd de J. S. Bach. Después la "Canción y danza" de Ruiz-Pipó. A continuación la "Fantasía en mi menor" de J. Dowland. Etc…
Así me pasé las 20 semanas que suele durar un curso.
En aquel verano volví al curso internacional de guitarra de Santiago de Compostela, donde el año anterior conocí a José Tomás, y también al curso de guitarra que daba en Granada Regino Sainz de
El curso siguiente, volví a Sevilla a terminar mi carrera de guitarra con América Martínez, al tiempo que hacía mi mili como voluntario en aviación en Tablada.
Logré los Primeros Premios de Fin de Carrera de guitarra, de Música de Cámara y conseguí al Premio Nacional de Música, que recibí de manos de Francisco Franco, 6 meses antes de que muriese. Luego los entonces Príncipes de España, Juan Carlos y Sofía ,nos invitaron a todos los premios nacionales a almorzar en un hotel de lujo de Madrid,.
Aquel verano volví a asistir al curso de Regino Sainz de
Me presenté a diversos Concursos Nacionales:
Al de guitarra de Madrid, organizado por María Luisa Anido. Al de Interpretación de Juventudes Musicales de Sevilla. Al nacional de guitarra de Ronda. Y al Internacional "Andrés Segovia" de Palma de Mallorca. Logrando premios en todas mis intervenciones.
Así estaba yendo mi prometedora trayectoria juvenil guitarrística cuando, sólo
Acababa yo de dar una pequeñísima gira de 4 conciertos por Granada, Alicante, Palma de Mallorca y Valencia cuando, para asistir al Festival Internacional que organizó en Roma un gurú espiritual de
En él, lamentablemente, falleció la muchacha que estaba sentada detrás de mí. Yo era el conductor y estuve 3 meses en "coma profundo" en el hospital de Siena, mientras los médicos mantenían que era cuestión de horas o de días que ocurriese mi defunción.
Cuando a los 3 meses comencé, de vez en cuando, a abrir involuntariamente el ojo izquierdo, los médicos del hospital de Siena determinaron que yo había entrado en lo que ellos llaman "coma vigil" (de vigilia). Y decidieron enviarme en avión para España, en camilla y con un médico y 2 enfermeras a mi cuidado.
En Sevilla, estuve otros 5 meses en "coma vigil" (estado de inconsciencia más superficial), y luego un año en la planta de "Rehabilitación".
A los 18 meses de mi estancia en el hospital de Sevilla me dieron de alta hospitalaria (aunque asistía a diario al gimnasio),y mi estado era el de un tullido minusválido, andando con bastón de manera súper-lenta, tanto que empleaba 2 ó 3 minutos en cada metro.
Luego, por el amor, interés y las hábiles gestiones de mis padres, estuve unos dos años yendo a Madrid, al hospital de
Y compaginando mis actividades de rehabilitación, con los estudios en
El año 1992 fue muy importante. Se celebraba en Sevilla
Fui dos veces a Lourdes (por sugerencia de mi madre, que es una ejemplar católica. A diferencia de mí que, aunque soy ardientemente "Cristiano DESMITIFICADO", de católico no tengo "ni un pimiento"), en la "Peregrinación de minusválidos" de Madrid y Barcelona (en los tres trenes repletos con toda clase de minusválidos).
Una vez fui en tren con un amigo de Granada al inmenso "camping-espiritual" del hermano Roger, en Taizée (Francia), alojándonos en los albergues municipales de diversas ciudades españolas. Cuatro primaveras a California, a casa de mis muchos amigos americanos. Dos inviernos a la magnífica e incomparable India.
Y ahora que, gracias a
Esta es sin demasiados detalles, la narración de cómo han sido estos interesantes pero durísimos años posteriores al accidente, aunque sobrellevados siempre con la sonrisa en los labios. Así como una narración a vista de pájaro de cómo fueron mis primeros y prometedores años de actividad artística.
Ya veremos si todas estas peripecias existenciales tienen o no algún sentido en los ocultos planes del Amoroso Ser Divino (repito: De incógnito absoluto y tapado por un increíble entramado mitológico).
JUAN ANTONIO TORRES


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